Antecedentes

CADI se creó en 1984, a partir de la unión de intereses profesionales y necesidades de dos personas: la Lic. Guillermina Rangel Eudave, “Mina” y el Dr. Gregorio Katz Guss. Sin embargo, sus antecedentes datan del inicio de la década de los 70, cuando el Dr. Katz regresó a México después de realizar estudios de posgrado en los Estados Unidos.

Desde su llegada a país, el Dr. Katz reconoció las grandes limitaciones a las que se enfrentaban las personas con discapacidad intelectual, ya que aún no se identificaba la necesidad de integrarlas a la sociedad, por lo que la mayoría se encontraba en una situación de custodia, ya sea familiar o institucional. Por esta razón, Katz se fijó la meta de crear un centro de educación basado en el concepto de los “Centros de Vida Independiente” que existían desde la década de los 50 en países como Estados Unidos y Canadá. Estas instituciones tenían un plan de enseñanza basado en la educación integral de la personas con discapacidad.

Exploró la posibilidad de construir un centro similar en México con apoyo gubernamental y de particulares, y al no obtener respuesta, decidió crear una clínica de atención a niños con discapacidad intelectual, donde se les ayudara con el desarrollo de las habilidades interferidas, tanto mental como emocionalmente. La Lic. Rangel, con estudios en Educación Especial y un hijo que sufrió una meningo-encefalitis, se integró a su equipo de trabajo.

Para complementar la labor de la clínica, los niños eran canalizados a escuelas de educación abierta (sistema Montessori), en las que podían funcionar a su propio ritmo. Sin embargo, al convertirse en adolescentes, la imposibilidad de que continuaran con una educación secundaria exigió que se retomara la idea original de crear un Centro de Vida Independiente. El proyecto entusiasmó a la Lic. Rangel, que se unió inmediatamente a la iniciativa de Katz. Así, con el apoyo de particulares, ambos lograron finalmente dar vida a Capacitación y Desarrollo Integral (CADI), en septiembre de 1984.

A partir de ese momento, CADI se convierte en un reto constante para Katz y Rangel, haciéndolos crecer personal y profesionalmente. Los desafíos que han enfrentado a lo largo del tiempo han contribuido a mejorar la calidad de vida de la población con discapacidad intelectual en todo el país.